Técnicas de estudio
Método Cornell: cómo tomar apuntes que sirvan para repasar
Tienes la libreta llena. Cuarenta páginas de la asignatura, con su subrayado, sus colores y tu mejor letra, y aun así, cuando llega la semana de exámenes, abres el tema y no sabes ni por dónde empezar: todo parece igual de importante y la hoja no te pregunta nada. El problema casi nunca es tu constancia; es el formato. Un apunte escrito en bloque solo se puede releer, y releer es justo lo que peor funciona. El método Cornell —una hoja partida en tres zonas, nacido en los años cincuenta en la universidad que le da nombre— corrige eso con una decisión ridículamente pequeña: te obliga a reservar sitio en el papel para las preguntas. Y un apunte con preguntas deja de ser un apunte: es material de repaso.
Qué problema resuelve exactamente
Cuando escribes en bloque, lo que haces en clase es transcribir. Y transcribir se puede hacer con la cabeza apagada: la mano va del oído al papel sin pasar por el entendimiento. Luego llega el repaso y te encuentras con un muro de texto uniforme donde no hay por dónde agarrar, así que haces lo único que el formato permite —pasar los ojos otra vez— y sales con la sensación tramposa de que te lo sabes porque te suena.
Cornell no te pide escribir más ni escribir más bonito. Te pide escribir en tres sitios distintos con tres funciones distintas: lo que pasa en clase, las preguntas que te vas a hacer después y el resumen de lo que va la página. El contenido es el mismo; lo que cambia es que al terminar tienes algo que se puede usar sin releerlo entero.
Cómo se divide la hoja
Coge un folio o una página de la libreta y haz dos rayas. Una vertical, a unos seis centímetros del borde izquierdo, de arriba abajo. Otra horizontal, a unos cinco o seis centímetros del borde inferior. Te quedan tres zonas: una columna estrecha a la izquierda para las preguntas y las palabras clave, una columna ancha a la derecha para las notas de clase, y una franja abajo para el resumen. Arriba del todo, una cabecera con asignatura, tema y fecha, que son los tres datos que vas a necesitar cuando busques esa hoja dentro de tres meses.
Da igual si lo haces con regla, con una plantilla impresa o en una app de notas con una tabla de dos columnas: lo importante es que las tres zonas existan antes de que empiece la clase. Si te esperas a marcarlas después, no las marcas nunca.
Durante la clase: solo la columna ancha
Mientras el profesor habla, escribes únicamente en la columna de la derecha. Frases cortas, abreviaturas tuyas, una idea por línea y una línea en blanco entre bloques: ese hueco es el que luego te deja añadir lo que se te quedó fuera. No intentes copiar literal lo que se dice, porque perseguir la literalidad es lo que te impide entender. Si el profesor se adelanta, deja el espacio marcado con un signo de interrogación y sigue; se rellena al salir.
Dos marcas que ahorran mucho tiempo después: un asterisco en lo que el profesor subraye como importante o diga que entra, y un recuadro alrededor de cada ejemplo o caso práctico, porque los ejemplos son lo primero que se olvida y lo que más se agradece en el repaso. Y resiste la tentación de ir rellenando la columna izquierda en directo: en clase tu cabeza tiene que estar en entender, no en formular preguntas.
El método Cornell, paso a paso
- Prepara la hoja antes de clase: raya vertical a 6 cm de la izquierda, raya horizontal a 5 cm de abajo y cabecera con asignatura, tema y fecha
- En clase, escribe solo a la derecha: ideas sueltas, abreviaturas, un asterisco en lo que el profesor marque como importante
- El mismo día, repasa y completa: cierra huecos, corrige abreviaturas que ya no entiendes y tacha lo que sobra
- Escribe las preguntas a la izquierda: una por bloque de contenido, en forma de pregunta de examen, no de título
- Resume abajo en dos o tres frases: con tus palabras y sin mirar la columna derecha
- Repasa tapando la derecha: lee las preguntas, responde en voz alta, destapa y corrige lo que falló
Un apunte que no te pregunta nada solo se puede releer. Y releer es exactamente lo único que no te van a pedir en el examen.
La columna de la izquierda: ahí está todo el método
Esta es la parte que la mayoría se salta y es la que hace que Cornell funcione. Dentro de las veinticuatro horas siguientes a la clase —veinte minutos bastan— relees tu columna derecha y escribes a la izquierda preguntas, no títulos. La diferencia es enorme. "Condiciones de validez del contrato" es una etiqueta: la lees y asientes. "¿Qué tres condiciones tiene que cumplir un contrato para ser válido?" es una pregunta: o la contestas o descubres que no te la sabes. Es exactamente lo que hace el active recall, solo que montado dentro de tus propios apuntes y sin tener que fabricar nada aparte.
Una pregunta por bloque de contenido, y que se pueda responder en treinta segundos. Si al llegar a un bloque no eres capaz de formular la pregunta, acabas de encontrar un agujero: eso significa que no entendiste esa parte en clase, y es el momento barato de arreglarlo con el libro o preguntando, no tres semanas antes del examen.
El resumen de abajo: diez minutos que ahorran horas
Antes de cerrar la hoja, escribe en la franja inferior dos o tres frases con tus palabras sobre de qué va esa página. Intenta hacerlo sin mirar la columna derecha: así el resumen deja de ser una copia y se convierte en un mini examen que te dice, en treinta segundos, si te has enterado. Y tiene un segundo premio que no se ve hasta mayo: cuando tengas que repasar cuarenta páginas, leer solo las franjas inferiores te da el mapa completo del tema en cinco minutos y te señala en qué hojas tienes que entrar de verdad.
Cómo se repasa con Cornell
Aquí la hoja se paga sola. Tapas la columna derecha con un folio, lees la primera pregunta de la izquierda y contestas en voz alta o por escrito, sin mirar. Luego destapas y comparas. Eso ya no es una relectura: es un test, y el esfuerzo que te cuesta sacar la respuesta es precisamente lo que fija el recuerdo. Pon un punto al lado de cada pregunta que falles y, en la siguiente vuelta, empieza por las que tienen puntos.
Reparte esas vueltas en el tiempo en vez de amontonarlas: la misma hoja repasada el día siguiente, a la semana y al mes aguanta muchísimo mejor que tres repasos seguidos la víspera. Y no hace falta que tapes la hoja entera cada vez; a partir de la segunda vuelta vas solo a las preguntas marcadas, que es donde está tu examen de verdad.
Cuándo Cornell no es la mejor herramienta
Conviene ser honesto: no sirve igual para todo. En asignaturas de problemas —matemáticas, física, contabilidad— lo que hay que repasar es resolver ejercicios, y ninguna columna de preguntas sustituye eso; ahí Cornell vale para la teoría, las fórmulas y, sobre todo, para una columna izquierda con los errores típicos de cada tipo de problema. En clases muy rápidas o con muchas diapositivas, imprime las slides y aplica la misma estructura en los márgenes: preguntas a un lado, resumen al pie. Y si lo que te falla es antes, en la propia toma de apuntes, empieza por ahí: lo tienes desarrollado en cómo tomar apuntes en clase.
El punto débil de Cornell no es el método, es el paso 4. La columna de preguntas hay que escribirla el mismo día, y ese es justo el rato que nadie reserva. Si usas Aprofy, puedes dar de alta la asignatura con sus temas y dejar ese repaso corto como tarea del plan diario, registrar con el timer lo que de verdad le dedicas y ver en las estadísticas qué asignaturas llevan semanas sin tocarse. La app no toma los apuntes por ti: lo que hace es que el rato de pasarlos a Cornell exista en tu día en lugar de quedarse en buena intención.
Que el repaso del día esté planificado, no improvisado. Con Aprofy puedes organizar asignaturas y temas, planificar las tareas del día, registrar cada sesión con el timer y poner la fecha de tus exámenes con countdown. Gratis en la App Store.
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