Técnicas de estudio

Cómo estudiar Contabilidad: asientos, partida doble y práctica

6 octubre 2026 · 9 min de lectura

Contabilidad parte un curso de ADE en dos: los que pillan la lógica en octubre y los que llegan al parcial cuadrando asientos por intuición. Aparece también en FP de Administración y Finanzas, en Económicas, en Turismo, en oposiciones de gestión. Y casi siempre se suspende por el mismo motivo: se estudia leyendo el manual, cuando Contabilidad se aprende como se aprende a conducir. Entender la teoría del embrague no te saca del aparcamiento.

Lo difícil no es calcular, es decidir qué cuentas entran

Coge un examen tuyo ya corregido y busca dónde se fue cada punto. Casi nunca está en una suma mal hecha. Está en el momento anterior: leíste «compramos mercaderías con pago a 60 días» y no supiste si eso toca Proveedores o Acreedores, si el IVA va aparte, si los portes son un gasto o forman parte del precio de la compra. Las cantidades estaban bien. Estaban en la cuenta equivocada.

Eso cambia qué hay que estudiar. Repasar definiciones de cuentas es entrenar lo que ya reconoces; lo que falla es traducir una frase en castellano a dos columnas. Y traducir solo se entrena traduciendo: cogiendo enunciados cortos y decidiendo, antes de escribir nada, qué cuentas se mueven y en qué dirección.

La partida doble es la única idea que hay que entender de verdad

Todo lo demás del temario cuelga de aquí. Cada operación tiene al menos dos caras y las dos se apuntan: lo que entra y de dónde sale. Si el banco paga, el banco disminuye. Si compras a crédito, debes más. El debe y el haber no son «positivo» y «negativo»: son las dos columnas donde se registra el movimiento, y lo que las ordena es la naturaleza de la cuenta. Activo y gastos aumentan por el debe; pasivo, patrimonio neto e ingresos aumentan por el haber.

Si esa frase no te resulta obvia, tu problema no está en el tema seis: está aquí, y merece una tarde entera. Pon a prueba la base sin apuntes. ¿Por qué un préstamo que recibes aumenta tu banco y tu deuda a la vez? ¿Por qué pagar a un proveedor no es un gasto? ¿Qué diferencia hay entre comprar una máquina y pagar la luz? Si contestas esas tres con soltura, el resto del temario es catálogo.

Estudia por tipos de operación, no por temas

El manual está ordenado para explicarse, no para examinarse. Monta tu índice paralelo: la lista de operaciones que pueden caer. Suelen ser entre diez y quince. Compras y ventas con IVA, descuentos y devoluciones, nóminas y seguros sociales, inmovilizado y su amortización, préstamos y sus intereses, periodificaciones, deterioros, existencias al cierre y el reparto del resultado.

Para cada una, una ficha de cuatro líneas: cómo se reconoce en el enunciado (las palabras que la delatan), qué cuentas intervienen, el asiento tipo y el error que cometes tú ahí. La última línea es la que vale dinero. Si cada vez olvidas el IVA en las devoluciones, escríbelo tal cual: «en la devolución de una compra, el IVA también vuelve». Esas notas valen más que cualquier resumen bonito.

Un asiento al día vale más que una tarde de lectura

Contabilidad premia el contacto frecuente y castiga los atracones. Veinte minutos diarios resolviendo tres o cuatro operaciones sueltas te dejan en noviembre en un sitio al que no llegas con dos sábados maratón en la biblioteca, porque lo que estás construyendo es reflejo: ver «anticipo» o «periodificación» y que te venga el asiento sin pensarlo.

Y resuélvelos tapando la solución. El error más común de la asignatura es leer el asiento resuelto, asentir y pasar al siguiente: eso se siente como estudiar y no lo es. Haz tu versión, con tus cuentas, y solo después compara. Lo que importa no es si coincide, es en qué línea exacta te desviaste.

Tu plan de Contabilidad, semana a semana

  1. Dedica la primera tarde a la base: qué es activo, pasivo, patrimonio neto, gasto e ingreso, y por qué cada uno aumenta por un lado concreto.
  2. Escribe tu lista de tipos de operación y una ficha de cuatro líneas por cada uno.
  3. Veinte minutos al día: tres o cuatro asientos sueltos, tapando siempre la solución.
  4. Cuando falles, anota el paso exacto en una libreta de errores, no el enunciado entero.
  5. Una vez por semana, un supuesto largo completo: del primer asiento al cierre del ejercicio.
  6. Las dos últimas semanas, simulacros con el plan de cuentas que te vayan a dejar y el tiempo real del examen.
Contabilidad no se entiende leyendo asientos resueltos. Se entiende escribiéndolos mal, viendo en qué línea te desviaste y volviendo a escribirlos mañana.

El plan de cuentas no se memoriza, se usa

Mucha gente pierde semanas intentando aprenderse los números del Plan General de Contabilidad. Es trabajo tirado: en la mayoría de exámenes te dejan el cuadro de cuentas, y cuando no, caen las veinte de siempre, que se te quedan solas de usarlas. Lo que sí hay que dominar es la lógica de los grupos: el 2 es lo que se queda años en la empresa, el 4 son los que te deben y a los que debes, el 6 son gastos y el 7 ingresos.

Con eso, cuando no reconozcas una cuenta en un enunciado sabrás al menos a qué grupo ir a buscarla. Es la diferencia entre quedarte en blanco y acotar la respuesta a cinco candidatas. Y si el examen te deja el plan, practica siempre con él delante: usarlo con agilidad también se entrena, y perder tres minutos buscando una cuenta es un lujo que no tienes.

Del asiento al cierre: donde se decide la nota

Los primeros temas se aprueban con oficio. Donde se separa el notable del aprobado raspado es el cierre del ejercicio: ajustes, amortizaciones, periodificaciones, deterioros, regularización y el salto a las cuentas anuales. No es más difícil, es acumulativo: un supuesto largo mal empezado arrastra el error hasta el balance final.

Entrénalo con supuestos completos, no con operaciones sueltas, y empieza antes de que llegue el tema. Entrena también el orden: lee todo el enunciado antes de escribir el primer asiento, marca las fechas y los datos que solo se usan al cierre, y deja los ajustes agrupados al final. Si Contabilidad va de la mano de Economía en tu curso —y casi siempre va—, los dos problemas se parecen más de lo que crees: ahí tienes cómo estudiar Economía.

Cómo repartir las semanas y qué hacer la última

Un reparto que funciona: por cada hora de teoría, dos de ejercicios. La teoría se lee para poder resolver, no al revés. Y aquí muchas cosas se entienden haciendo: lo que significa de verdad una amortización acumulada te entra en el cuarto supuesto, no en la quinta relectura de la definición.

La última semana no es para temas nuevos. Es para supuestos completos con el tiempo medido, el plan de cuentas que te vayan a dejar y la calculadora que vas a llevar. Casi todo el mundo descubre lo mismo: que sabe hacerlo, pero no en noventa minutos y no con el reloj encima. Cómo montar esos simulacros y, sobre todo, qué hacer con los fallos que salen, lo tienes en hacer simulacros de examen.

Para que el «veinte minutos al día» no se quede en buena intención hacen falta dos cosas: que esté puesto en algún sitio y que puedas ver si lo cumples. En Aprofy puedes crear Contabilidad como asignatura y partirla en temas —o directamente en tipos de operación, que aquí es más útil— e ir marcando los que ya tienes. El timer registra solo las horas de cada tema, así que las estadísticas te enseñan la foto incómoda: tres semanas con compras y ventas y cero con el cierre. Y poniendo la fecha del parcial tienes la cuenta atrás, también en el widget, con recordatorios en los días que hayas marcado como de estudio.

Contabilidad no es una asignatura para gente con una cabeza especial para los números. Es un idioma con pocas reglas y mucho vocabulario, y se habla practicando a diario, equivocándose mientras no cuenta para nota y anotando cada fallo con nombre y apellidos. Si en octubre haces tres asientos al día, en noviembre el parcial es un trámite largo, no una sorpresa.

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