Exámenes

Cómo estudiar un examen en un día: el plan de emergencia

17 octubre 2026 · 8 min de lectura

Son las nueve de la mañana, mañana tienes examen y el temario está casi entero por tocar. Lo primero es dejar de buscar el método que te permita aprenderte doce temas en un día, porque no existe. Lo que sí existe es un plan para sacarle a este día el máximo número de puntos, y es muy distinto de lo que hace casi todo el mundo: abrir el tema 1 y leer hasta que se hace de noche. En un día no se aprende una asignatura; se eligen unas pocas partes y se estudian de la única manera que funciona con prisa.

Acepta qué se puede conseguir y qué no

Pon las expectativas en su sitio, porque de eso depende cada decisión de hoy. Con un día tienes, siendo realista, entre ocho y diez horas útiles. Eso no da para dominar un temario, pero sí para llegar al examen sabiendo de verdad una parte del programa en lugar de haberlo leído todo por encima sin poder escribir nada concreto. La diferencia entre un suspenso raspado y un aprobado justo casi nunca está en haber visto más temario: está en tener tres o cuatro bloques que puedas desarrollar sin dudar.

Asúmelo con lo que implica: hoy vas a dejar partes del temario sin tocar, a propósito. No es rendirse, es repartir un presupuesto muy pequeño. El fallo típico del día antes no es estudiar poco, es intentar llegar a todo: reparte las horas en capas finísimas sobre doce temas y acabarás la noche con la sensación de haberlo visto todo y sin poder explicar ninguno.

El triaje va antes de abrir un apunte

Dedica los primeros veinte minutos a decidir qué vas a estudiar, con el índice delante y sin abrir ningún tema. Necesitas tres datos: qué entra, cuánto pesa cada parte en la nota y qué formato tiene el examen. Si el profesor dio una guía, un modelo del año pasado o dijo en clase «esto cae siempre», eso vale más que cualquier intuición. Un examen de cuatro preguntas largas y uno de sesenta tipo test se preparan de forma opuesta: en el primero necesitas desarrollar pocos temas a fondo, en el segundo reconocer mucho vocabulario de todo el programa.

Con eso, marca cada tema con una de tres etiquetas. Entra y es rentable: pesa en la nota, cae casi siempre y te cuesta poco. Entra pero es caro: pesa, pero necesitarías tres horas que no tienes. Sacrificado: pesa poco o es tan largo que hoy no cabe. Tu día se dedica entero al primer grupo, y solo si te sobra tiempo asomas la cabeza al segundo. Lo sacrificado no se abre ni cinco minutos, porque cinco minutos ahí no te dan ningún punto y se los quitan a algo que sí los daba.

Con prisa, leer es el peor uso de tu tiempo

Aquí está la parte que de verdad cambia el resultado. Leer apuntes y subrayarlos es cómodo y genera una sensación clarísima de estar aprendiendo, pero lo que entrena es reconocer el texto, no recuperarlo en un folio en blanco. Es la trampa que hace que tanta gente salga del examen diciendo «pero si me lo había leído tres veces». Cuando el tiempo es ridículo, no te puedes permitir un método que te engaña sobre lo que sabes.

Haz lo contrario: lee un bloque una sola vez, cierra el apunte y escribe de memoria todo lo que recuerdes, con tus palabras. Luego compara, marca en rojo lo que te has saltado y repítelo. Es incómodo, y es la razón por la que funciona: recuperar lo que acabas de leer deja una huella mucho más fuerte que releerlo cuatro veces. El detalle está en cómo estudiar con active recall; hoy te basta la regla: nada está estudiado hasta que lo has sabido contar sin mirar.

El plan de un día, bloque a bloque

  1. Primeros 20 minutos: averigua qué entra, cuánto pesa y qué formato tiene el examen, y etiqueta cada tema como rentable, caro o sacrificado
  2. Mañana: los dos o tres temas más rentables, en sesiones de 45 minutos con 10 de descanso, cada uno cerrado con un folio en blanco
  3. Comida y media hora de pausa real: sin pantalla y sin apuntes, porque la tarde la vas a necesitar entera
  4. Tarde: los temas rentables que queden y, en lo que no te cabe entero, solo los esquemas, definiciones y fórmulas que te permitan escribir algo con sentido
  5. Última hora de la noche: un repaso rápido en voz alta de todo lo del día, sin material nuevo, y una hoja con lo que más se te resiste
  6. Duerme: entre seis y siete horas como mínimo, y deja esa hoja para la mañana en lugar de robarle horas al sueño
Con un día no decides cuánto estudias, decides qué dejas fuera. Tres temas que sabes contar valen más en el examen que doce que te suenan.

La decisión de la noche: dormir forma parte del plan

Llega la medianoche, te queda temario y aparece la tentación de quedarse hasta las cuatro o no dormir. Es la peor decisión del día, y no por moralina: las horas que estudias sin dormir son las menos productivas que vas a tener, porque la atención y la memoria de trabajo caen en picado, y además el sueño es cuando se consolida lo que has estudiado hoy. Cambiar sueño por dos horas de leer con los ojos cerrados es vender barato lo que ya tenías.

Hay una razón más práctica: el examen no mide lo que estudiaste, mide lo que puedes recuperar con la cabeza que lleves puesta. Dormido recuerdas peor, lees mal los enunciados y gestionas peor el tiempo. Cierra a una hora decidida de antemano, duerme seis o siete horas como mínimo y guarda lo que falte para la mañana. Lo que se pierde exactamente está en cuántas horas hay que dormir para estudiar bien.

La mañana del examen y los últimos cuarenta minutos

La mañana no es para estudiar cosas nuevas: es para dejar accesible lo de ayer. Levántate con margen y repasa en voz alta tus propios esquemas y la hoja de lo que se te resistía, sin volver a los apuntes largos. Un tema abierto por primera vez a dos horas del examen solo consigue ponerte nervioso y desordenar lo que ya tenías medio sujeto.

Y ten el examen pensado antes de entrar. Mira primero todas las preguntas, calcula los minutos de cada una según lo que puntúa y empieza por la que mejor te sepas, para arrancar con confianza. Si cae algo de lo que sacrificaste, escribe lo que sepas en lugar de dejarlo en blanco: medio punto en una pregunta mal preparada vale igual que medio punto en la buena, y un examen apurado se decide casi siempre por esos restos. Para repartir el tiempo dentro del examen, aquí está el detalle.

Lo que no funciona, aunque se haga mucho

Cuatro cosas que parecen razonables a las once de la noche y no lo son. Releer el tema entero por cuarta vez, que es puro consuelo. Pasar los apuntes a limpio, que consume horas y no deja nada en la memoria. Estudiar los apuntes de otra persona, que te obliga a entender la materia y su letra a la vez. Y buscar el resumen o el vídeo perfecto: a un día del examen, el material que tienes es el bueno, porque lo que falta no es material, es tiempo.

Capítulo aparte para las bebidas energéticas y los cafés en cadena: dan una hora de empuje y luego te dejan acelerado, con peor comprensión y sin poder dormir cuando toca. Y el móvil en la mesa, que ya en un día normal es caro, hoy es inasumible: déjalo en otra habitación durante las sesiones y revísalo en los descansos.

Lo último es lo que de verdad cambia el curso: el día antes no es un método, es una emergencia que sale regular incluso bien gestionada. Si te pasa con varias asignaturas, el problema no es el día antes, es no saber cuándo empezar. Para eso sirve tener el examen puesto en algún sitio: en Aprofy puedes guardar la fecha con su countdown —en la app y en el widget—, dar de alta la asignatura con sus temas, montar el plan del día a partir de plantillas y registrar cada sesión con el timer. Las estadísticas te dicen cuántas horas llevas de verdad esta semana. No te quita el examen de mañana, pero hace que el siguiente no se decida en catorce horas.

Que el próximo examen no se juegue en un día. Con Aprofy puedes poner la fecha con countdown, organizar los temas, planificar el día y registrar cada sesión con el timer. Gratis en la App Store.

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