Productividad
Cómo estudiar una asignatura que no te gusta
Hay una asignatura de tu curso que abres siempre la última. La dejas para el final del bloque, para el final de la semana y, si puedes, para el final del cuatrimestre. Lo raro es que normalmente no es la más difícil: es que cada vez que te sientas con ella se te quitan las ganas de estudiar en general. Y acaba siendo la que te juega el curso, porque es la única que no has repasado nunca. Que una asignatura no te guste no es un problema de actitud: es un problema de método, y se arregla cambiando cómo y cuándo la estudias.
Primero averigua por qué no te gusta
Suena a pregunta de terapia y es puramente práctico. «Esta asignatura me cae mal» tiene tres causas bastante distintas, y cada una se arregla de una forma. Si te equivocas de diagnóstico acabas intentando motivarte para algo que en realidad no entiendes, y eso no funciona nunca.
- Vas atascado — hay una base que no tienes y todo lo nuevo cae encima sin agarrarse a nada
- Te aburre — la entiendes, pero el contenido te da igual y cada sesión es puro esfuerzo de voluntad
- Le tienes manía al formato — las clases, los apuntes ilegibles, los exámenes rarísimos o la hora a la que te toca
Las tres producen el mismo gesto —abrir el PDF y cerrarlo— pero no son el mismo problema. Dedica diez minutos a decidir cuál es la tuya antes de montar ningún plan. En la mayoría de los casos hay una que destaca clarísimo en cuanto te lo preguntas en serio.
Si vas atascado, no te falta motivación
Esta es, de largo, la causa más común y la peor diagnosticada. En las asignaturas acumulativas —Estadística, Contabilidad, Física, Derecho Civil, cualquier cosa con fórmulas o con un sistema detrás— el tema 6 no se entiende si el tema 2 está flojo. Lo que sientes entonces no es desgana: es que estás leyendo algo que literalmente no se puede entender con lo que tienes. Y el cerebro hace lo lógico, que es apartarse.
La prueba es rápida: coge un ejercicio o una pregunta sencilla de los primeros temas e intenta resolverlo sin mirar nada. Si te quedas en blanco ahí, ya sabes dónde está el agujero y no tiene sentido seguir peleándote con el tema actual. Retrocede al punto donde se rompió la cadena y recupera eso primero, aunque parezca que pierdes días: es exactamente lo que vas a ganar después. En cómo estudiar un tema desde cero está el proceso para reconstruir una base sin volver a leerte el libro entero.
Si te aburre, el problema es que la estudias en pasivo
Leer y subrayar funciona regular con cualquier asignatura, pero con una que te interesa aún te sostiene la atención un rato. Con una que te da igual, no se sostiene nada: lees tres páginas, te das cuenta de que no has retenido una palabra y lo interpretas como que «no se te queda». Lo que ha pasado es que la tarea no exigía nada de ti.
Las tareas que obligan a producir algo —responder preguntas sin mirar, explicar un apartado en voz alta, resolver un ejercicio, rellenar una tabla en blanco— no dejan hueco para el piloto automático. Son más incómodas, y justo por eso aguantan el aburrimiento mucho mejor: no puedes estar en otra cosa mientras las haces. En cómo estudiar con active recall tienes cómo convertir unos apuntes normales en preguntas, que es el cambio que más se nota aquí.
Ponla primera, nunca la última
Casi todo el mundo organiza la tarde al revés: empieza por la asignatura que le gusta, porque arrancar cuesta menos, y deja la otra para el final. El problema es que al final de la tarde ya no queda ni cabeza ni paciencia, y lo que pasa de verdad es que esa hora se convierte en media, la media en «mañana lo veo» y el tema sigue sin tocar en diciembre.
Dale la vuelta. Si estudias de cinco a nueve, la asignatura que no soportas ocupa de cinco a seis, cuando todavía tienes energía y no has gastado la voluntad del día. Además tiene un efecto secundario muy útil: lo peor queda hecho a la primera hora y el resto de la tarde va cuesta abajo, en lugar de pasarte tres horas con el marrón pendiente de fondo.
Sesiones más cortas y más seguidas
Con una asignatura que te gusta puedes aguantar dos horas del tirón. Con esta no, y planificar como si pudieras es la forma más rápida de no cumplir el plan. Tu tolerancia real aquí puede ser de cuarenta minutos, y no pasa nada: cuarenta minutos cinco días a la semana son más de tres horas, bastante más de lo que vas a hacer el domingo con la bola acumulada.
La frecuencia alta también resuelve el otro problema de las asignaturas que se aparcan, que es el coste de volver. Cuando dejas dos semanas sin tocarla, cada retorno empieza por averiguar por dónde ibas y recolocarte, y eso se come la sesión y refuerza la idea de que es insoportable. Si la ves casi todos los días, nunca llegas a perderle el hilo.
Plan de choque para la asignatura que no soportas
- Decide la causa — atasco, aburrimiento o manía al formato: diez minutos de honestidad antes de cualquier plan
- Si hay atasco, tápalo primero — vuelve al tema donde se rompió la cadena antes de seguir con el actual
- Cámbiale la tarea — fuera leer y subrayar: preguntas, ejercicios, explicar en voz alta, tablas en blanco
- Muévela al primer hueco del día — a la hora en la que tienes energía, no a la de los restos
- Baja el bloque a cuarenta minutos — pero ponlo cinco días a la semana, no dos sesiones largas
- Mira las horas reales cada semana — si sigue siendo la asignatura con menos horas, el plan no se está cumpliendo
El paso seis es el que sostiene los otros cinco. Todo el mundo cree que le dedica más tiempo a la asignatura que odia del que realmente le dedica, porque las sesiones que empiezas y abandonas a los diez minutos pesan en la memoria como si hubieran sido enteras. Cuando ves las horas apuntadas por asignatura, el desequilibrio aparece solo y deja de haber discusión.
El objetivo es aprobarla bien, no que te encante
Conviene decirlo claro, porque hay mucho consejo por ahí que insiste en «encontrarle el lado interesante» a todo. A veces pasa, y está muy bien cuando pasa. Pero hay asignaturas que no te van a gustar en la vida, y no necesitas que te gusten: necesitas sacarlas con una nota digna y seguir. Marcarte como meta entusiasmarte solo añade una forma más de fracasar.
Con esa meta más modesta, la estrategia se simplifica mucho: estudia al examen. Mira qué tipo de prueba es y trabaja en ese formato desde el principio, que es donde se decide la nota. Si es tipo test, haz preguntas; si es de desarrollo, escribe respuestas completas a mano; si es de problemas, resuelve problemas. Y si además la arrastras de otro año, en cómo aprobar una asignatura pendiente está el plan específico para eso.
No necesitas que una asignatura te guste para aprobarla. Necesitas que deje de ser la que siempre dejas para mañana.
Qué hacer cuando el problema es el formato
Queda la tercera causa, que es más frecuente de lo que parece: la asignatura no te disgusta, te disgusta cómo te llega. Clases que no se entienden, un manual de cuatrocientas páginas escrito en jerga, diapositivas con tres palabras por pantalla. Si el material es el problema, cambia el material: busca otros apuntes del mismo temario, un libro distinto, vídeos de alguien que lo explique mejor, exámenes de años anteriores. El temario oficial manda, pero no tienes ninguna obligación de aprenderlo por la fuente que peor te funciona.
Y si lo que te desanima es no ver avance, haz que se vea. Divide la asignatura en temas concretos y ve marcándolos conforme los cierras: con una asignatura que te interesa el avance se nota solo, con esta hay que hacerlo visible a propósito. En Aprofy puedes tenerla dividida en temas, dejar su bloque corto fijo en el plan diario, arrancar el timer para que las horas se registren solas y comparar en las estadísticas cuánto le dedicas de verdad frente al resto. Con el countdown del examen puesto, además, cuesta bastante más seguir dejándola para después.
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