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Cómo repasar antes de un examen: el plan de la semana previa
Quedan siete días para el examen y el temario está «dado»: has leído los temas, tienes los apuntes y hasta hiciste esquemas de casi todos. Y aun así te sientas el lunes, abres el primer tema y no sabes qué hacer con él. ¿Releerlo entero? ¿Hacer más esquemas? ¿Empezar otra vez por el principio? El repaso tiene mala fama porque casi nadie lo hace de forma deliberada: se confunde con «dar otra pasada» y acaba siendo una relectura cara. Aquí tienes el plan de la semana previa, día a día, con el criterio para decidir a qué tema le dedicas una hora y a cuál diez minutos.
Repasar no es volver a leerlo todo
Releer el temario de principio a fin tiene, para empezar, un problema de aritmética: si tardaste tres semanas en estudiarlo, no entra en siete días. Pero el problema de fondo es peor: al releer gastas el mismo tiempo en lo que ya sabes que en lo que no. Y como lo que sabes se lee rápido y cómodo, la sensación de avance es altísima justo en las páginas que no te hacían falta.
Repasar es otra cosa. Repasar es comprobar qué se te ha caído y volver a levantar solo eso. La palabra importante es comprobar: mientras no midas, no estás repasando, estás paseando por el temario. Y conviene medir siete días antes y no la víspera, cuando ya no queda margen para hacer nada con la respuesta.
Primero el inventario, luego el repaso
Dedica la primera sesión de la semana a no repasar nada: haz inventario. Coge la lista de temas y, con los apuntes cerrados, dedica dos minutos a cada uno escribiendo en un folio lo que recuerdas: los epígrafes, la idea central, los datos que crees que no pueden faltar. Dos minutos por tema, nada más. Con diez temas es una sesión de media hora que te va a ahorrar días.
Después abre los apuntes y clasifica cada tema en tres categorías: verde (lo cuento entero sin mirar), ámbar (la idea general sí, los detalles se me caen) y rojo (no sé ni por dónde empezaba). Prepárate para tener menos verdes de los que creías: es normal y es exactamente el motivo de hacer esto. Un tema que te parecía cerrado en octubre y hoy sale rojo no significa que estudiaras mal, significa que han pasado cinco semanas.
Ese inventario es lo que decide el reparto de la semana: los rojos se llevan sesiones enteras, los ámbar media sesión, y los verdes diez minutos de comprobación y nada más. Tenerlo escrito en algún sitio ayuda, porque la lista mental se corrompe en dos días. En Aprofy puedes crear la asignatura con su lista de temas e ir viendo cuáles has tocado esta semana y cuáles siguen sin abrir, y dejar el reparto hecho en el plan diario para no volver a decidirlo cada tarde.
El plan de los siete días
La lógica del reparto es sencilla: lo difícil al principio, cuando aún queda margen para volver sobre él, y los dos últimos días sin material nuevo, solo simulacro corregido y pasadas rápidas. Si tu examen está a diez días o a cuatro, estira o comprime los tramos, pero mantén el orden.
La semana previa, día a día
- Día 7 — inventario y reparto — clasifica los temas en verde, ámbar y rojo, y asigna cada uno a un día
- Días 6 y 5 — los rojos — los temas que no sabes, fabricando material propio si hace falta
- Día 4 — los ámbar — preguntas dirigidas a los detalles que se te caen, no relectura
- Día 3 — simulacro — un examen completo, cronometrado y sin apuntes al lado
- Día 2 — solo los fallos del simulacro — nada más, por tentador que sea
- Día 1 — pasada rápida a todo — epígrafes, esquemas y los datos que no se pueden fallar
- Día 0 — repaso ligero y parar — veinte minutos por la mañana; la noche anterior se duerme
El día importante de la semana es el 3, el del simulacro, y conviene que sea el 3 y no el 1 por una razón práctica: un simulacro no sirve para sacar nota, sirve para generar una lista de fallos, y esa lista necesita dos días detrás para arreglarse. Hacerlo la víspera es quedarte con el diagnóstico y sin tratamiento, que además es la mejor forma de llegar al examen asustado.
Si tienes exámenes de años anteriores, úsalos tal cual: mismo tiempo, mismo formato, del tirón. Si no los tienes, te lo fabricas en diez minutos escribiendo ocho o diez preguntas en modo profesor («explica X», «diferencia entre X e Y», «pasos del proceso Z») y respondiéndolas en folio en blanco. Es el mismo mecanismo del active recall: lo que te cuesta sacar de la cabeza es justo lo que se está fijando.
Cómo es un repaso de veinte minutos que sirve
Casi todos los repasos fallan por lo mismo: se abren los apuntes primero. El orden correcto es el contrario. Dos minutos a folio en blanco reconstruyendo el tema de memoria; cinco comparando con los apuntes y marcando solo lo que ha faltado; diez trabajando esos huecos, que casi nunca son el tema entero sino tres o cuatro cosas concretas; y tres finales escribiendo dos preguntas sobre los huecos, para la próxima pasada. Veinte minutos por tema, con la mano escribiendo y no el ojo leyendo.
Un tema ámbar se pone verde con dos o tres repasos de estos, separados en el tiempo. Y ahí está el motivo por el que la semana previa funciona mucho mejor si no es la única: la curva del olvido se aplana con pasadas cortas repartidas durante el curso, y quien llega con los temas ya tocados dos veces usa esta semana para afinar y no para reaprender. Si este año no lo has hecho, cuenta con que el inventario del día 7 traiga más rojos y reparte en consecuencia.
Las últimas 48 horas
Regla única: nada de material nuevo. Lo que no has estudiado en tres semanas no se aprende en dos días, y el intento sale caro, porque meter un tema desde cero a estas alturas desordena lo que sí llevas y se come el tiempo de las pasadas rápidas. Si un tema se ha quedado fuera, la decisión honesta es asumirlo y asegurar los demás, no sacrificar ocho temas por uno.
Lo que sí entra: los fallos del simulacro, una pasada rápida por asignatura y, si te sirve, la hoja de una cara.
Repasar no es volver a leer el temario: es comprobar qué se te ha caído y levantar solo eso.
La hoja de una cara es el temario entero reducido a un folio por delante: los títulos de los temas, cuatro palabras por epígrafe y los datos que no se pueden fallar — fórmulas, fechas, artículos, clasificaciones. Se fabrica el día 1, y fabricarla ya es un repaso, porque para resumir un temario en un folio hay que tenerlo en la cabeza. Es también el único material que deberías mirar el día del examen.
La noche antes y la mañana del examen
La noche antes no se aprende, se conserva. Las dos horas que le robas al sueño para dar una pasada más te las cobra el examen con intereses: memoria de trabajo peor, lectura de enunciados más torpe y menos aguante en la segunda mitad de la prueba. Cierra a una hora decidida de antemano, deja la mesa preparada y acuéstate. Si lo que te quita el sueño es el examen y no el temario, ahí el problema ya no es de repaso: los nervios previos tienen su propio manejo.
Por la mañana, veinte minutos a la hoja de una cara y ya. No abras un tema entero, no hagas un último simulacro y no compares con nadie en la puerta: a esa hora no queda nada por aprender y sí bastante por conservar. Lo que ayuda de verdad es que la fecha no viva en tu cabeza durante las semanas anteriores: con el examen creado en Aprofy, el countdown te dice cuántos días quedan de verdad —el widget lo deja en la pantalla de inicio— y los recordatorios en tus días de estudio hacen que las sesiones del plan no dependan de acordarse.
Cinco errores al repasar
- Releer el temario de principio a fin — mismo tiempo en lo que sabes y en lo que no
- Repasar sin haber medido antes — sin inventario acabas repasando lo cómodo
- Dejar el simulacro para la víspera — llega a tiempo para asustarte y tarde para arreglar nada
- Meter material nuevo en las últimas 48 horas — desordena lo que ya llevabas
- Confundir fluidez con saberlo — que te suene por quinta vez no es poder contarlo
Si te quedas con una sola cosa, que sea el orden: mide, reparte, repasa. La media hora del inventario es la que convierte una semana de relectura ansiosa en una semana con un plan, porque te dice negro sobre blanco qué necesita horas y qué necesita diez minutos. Y no hace falta esperar al examen para usarla: el mismo inventario, hecho un domingo cualquiera a mitad de curso, es la forma más barata de que en la semana previa queden pocos rojos.
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