Técnicas de estudio
Cómo estudiar Filosofía: autores, conceptos y comentario de texto
Filosofía es la asignatura que más gente estudia mal poniéndole más horas. Se memorizan fechas, obras y biografías, y el día del examen te ponen delante doce líneas de Nietzsche y hay que decir de qué van. En Bachillerato, en la EVAU, en primero de carrera: el problema es el mismo. Filosofía se estudia como Historia y se examina como un idioma: hay que reconocer el vocabulario y explicar a qué pregunta contesta el que escribe.
Cada autor no es una biografía: es la respuesta a una pregunta
Haz la prueba con el autor que llevas peor. Sin mirar los apuntes, contesta en una frase: ¿qué le preocupaba? Si lo único que sale es «el idealismo» o «el siglo XVII», no tienes al autor, tienes su etiqueta. Platón no escribe sobre las Ideas porque le gustaran: escribe porque quiere saber si existe algo verdadero cuando todo lo que vemos cambia, y porque acaban de condenar a muerte a su maestro por preguntar.
En cuanto tienes la pregunta, el sistema se ordena solo. La teoría de las Ideas, el mito de la caverna y el alma dividida en tres dejan de ser cosas que memorizar y se convierten en piezas de la misma respuesta. Y cuando en el examen se te vaya un detalle, podrás reconstruirlo: si sabes qué buscaba el autor, puedes deducir qué diría.
El vocabulario vale la mitad de la nota
Los exámenes de Filosofía se pierden casi siempre en el mismo punto: palabras que suenan a castellano y no lo son. «Idea» en Platón no es lo que tú llamas una idea. «Sustancia» en Descartes, «categoría» en Kant, «alienación» en Marx o «vida» en Ortega son términos técnicos con una definición cerrada, y usarlos en su sentido coloquial resta igual que dejarlo en blanco.
Monta tu glosario desde el primer día, y que no sea una lista de definiciones copiadas del libro. Dos líneas por término: qué significa en ese autor y con qué se contrasta. «Nóumeno: la cosa tal como es, frente al fenómeno, que es la cosa tal como la conocemos». El contraste es lo que lo fija en la cabeza; una definición suelta se olvida en tres días.
La ficha de autor que de verdad sirve
Los apuntes de Filosofía crecen sin control: veinte folios por autor y ninguno sirve para repasar la noche antes. Lo que funciona es comprimir cada autor en seis líneas: la pregunta que se hace, su respuesta en una frase, los tres o cuatro conceptos que no pueden faltar, contra quién discute, qué hereda del que va antes y una imagen o cita que lo resuma.
La ficha no sustituye a entender al autor: es el resultado de haberlo entendido. Si no eres capaz de reducirlo a seis líneas, todavía no lo tienes, y eso es información muy útil en octubre y bastante inútil en mayo. Escríbelas a mano y sin mirar el tema, y comprueba después qué se te ha quedado fuera.
El comentario de texto se entrena con textos
Si tu examen incluye comentario de un fragmento —en la EVAU casi siempre, en la universidad muy a menudo—, esa es la parte que más puntúa y la que casi nadie entrena. Leer los apuntes no prepara para eso, igual que leer gramática no prepara para hablar un idioma. Hay que coger textos y comentarlos desde cero, con el reloj en marcha.
Y hay un orden que ahorra tiempo. Primero, de quién es, y eso se decide por el vocabulario: tres o cuatro términos técnicos delatan al autor mejor que cualquier otra pista. Segundo, qué dice el fragmento, en dos frases tuyas. Tercero, qué tesis general del autor asoma ahí. Y solo entonces se escribe. El error típico es redactar todo lo que uno sabe del autor y mencionar el texto de pasada.
Tu plan de Filosofía, autor a autor
- Para cada autor, escribe primero la pregunta que intenta responder. Antes que nada más.
- Glosario de dos líneas por concepto: qué significa en ese autor y con qué se contrasta.
- Comprime cada autor en una ficha de seis líneas, a mano y sin mirar los apuntes.
- Un fragmento comentado por semana, con el tiempo del examen y sin apuntes delante.
- Dibuja el mapa de discusiones: quién responde a quién y en qué no están de acuerdo.
- La última semana, preguntas de relacionar dos autores en voz alta, sin escribir nada.
En Filosofía no se pregunta qué dijo un autor, se pregunta a qué problema estaba contestando. Quien tiene la pregunta reconstruye la respuesta; quien solo tiene la respuesta se queda en blanco.
Las relaciones entre autores son los puntos más fáciles
«Compara a Platón con Aristóteles», «relaciona a Kant con Hume», «qué queda de Descartes en Kant». Son preguntas que se repiten curso tras curso y que mucha gente improvisa, porque ha estudiado a los autores en compartimentos: un tema, luego el siguiente, sin mirar atrás. Y las relaciones no se improvisan bien: o las traes pensadas o escribes generalidades.
La herramienta es un folio en horizontal con los autores en una línea de tiempo y flechas entre ellos: «le discute», «le hereda», «le da la vuelta». Aristóteles baja las Ideas al mundo; Hume despierta a Kant; Marx coge la dialéctica de Hegel y la pone del revés. Con cinco o seis flechas bien entendidas tienes resuelta la mitad de las preguntas de relación. Si Filosofía va con Historia en tu curso, el mapa sirve para las dos: ahí tienes cómo estudiar Historia.
Redactar filosofía: claro, ordenado y sin paja
Filosofía se corrige leyendo, así que la forma puntúa. Un contenido correcto metido en un bloque de treinta líneas sin estructura pierde puntos frente al mismo contenido en cuatro párrafos con un orden visible. Escribe como se explica: la tesis en la primera frase, el desarrollo usando bien los términos técnicos y una frase de cierre que conteste lo que se preguntaba.
Lo que más resta es la paja: cinco líneas de introducción sobre lo importante que es la filosofía para el ser humano, adjetivos sin contenido, frases que suenan profundas y no dicen nada. El corrector busca conceptos bien usados, no entusiasmo. Si puedes borrar una frase y no se pierde información, bórrala.
Cómo repartir las semanas
Filosofía no se puede dejar para el final, porque los autores se apoyan unos en otros: estudiar a Kant sin tener a Hume es hacer el trabajo dos veces. El reparto que funciona es lineal y con repaso: un autor nuevo por semana y, cada semana, veinte minutos con los anteriores. No releyendo los apuntes, sino intentando contar la ficha de memoria y mirando después qué faltaba.
Hay una prueba honesta y rápida para saber si un autor está: explícalo en voz alta, tres minutos, sin notas, como si delante tuvieras a alguien que no ha oído ese nombre en su vida. Donde te atrancas es exactamente lo que no has entendido, y casi siempre es un concepto concreto, no el autor entero. Esa técnica tiene nombre y método propio: la técnica Feynman.
Para que ese «un autor por semana más repaso» no se caiga en noviembre hace falta tenerlo escrito y poder comprobar si lo cumples. En Aprofy puedes crear Filosofía como asignatura y partirla en temas por autor —Platón, Kant, Nietzsche— e ir marcando los que ya tienes cerrados. El timer registra solo las horas de cada tema, así que las estadísticas te enseñan lo que los apuntes esconden: cuatro sesiones con Platón y ninguna con Kant. Y con la fecha del examen tienes la cuenta atrás, también en el widget, y recordatorios en los días que hayas marcado como de estudio.
Filosofía no es la asignatura de memorizar más que nadie. Es la de entender seis o siete conversaciones y saber contarlas con las palabras exactas. Si en cada autor empiezas por la pregunta, apuntas el vocabulario con su contraste y comentas un texto por semana, el fragmento del examen va a ser uno más de los que ya has comentado.
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